No sois pareja, pero tampoco sois simplemente amigos. Os buscáis, habláis, tenéis intimidad, compartís momentos importantes y, en ocasiones, parece que todo va hacia algo más. Pero cuando intentas saber qué sois o hacia dónde va la relación, la respuesta nunca termina de estar clara. Esto son las llamadas, relaciones indefinidas.

Y ahí aparece la incertidumbre.

Quizá te hayas encontrado pensando:

“Si no quiere estar conmigo, ¿por qué me busca?”

“¿Y si dentro de un tiempo cambia de opinión?”

“Sé que esta situación no me hace bien, pero no consigo alejarme.”

“No quiero una relación así, pero tampoco quiero perderle.”

Si te reconoces en alguna de estas situaciones, es posible que estés viviendo una relación indefinida.

Y aunque desde fuera pueda parecer sencillo decir “si no te hace bien, déjalo”, emocionalmente no siempre es tan fácil.

¿Qué es una relación indefinida?

Una relación indefinida es un vínculo afectivo en el que existe cercanía, interés o intimidad, pero no hay un compromiso claro ni acuerdos sobre qué tipo de relación se está construyendo.

Puede haber cariño, sexo, conversaciones constantes, planes juntos e incluso comportamientos propios de una pareja. Sin embargo, cuando llega el momento de ponerle nombre o hablar de expectativas, todo queda en un terreno ambiguo.

No necesariamente todas las relaciones sin etiqueta son problemáticas. Cada persona puede elegir libremente el tipo de vínculo que quiere tener siempre que exista comunicación, consentimiento y que ambas partes estén de acuerdo con lo que están viviendo.

El problema aparece cuando una persona quiere algo diferente de lo que realmente está recibiendo, pero permanece en la relación esperando que las cosas cambien. Y es ahí cuando la incertidumbre puede empezar a generar sufrimiento.

¿Por qué una relación indefinida puede enganchar tanto?

Una de las razones es precisamente la incertidumbre. Cuando no sabes qué va a ocurrir, tu mente intenta encontrar respuestas constantemente.

¿Me escribirá?

¿Querrá verme?

¿Estará pensando en mí?

¿Esto significa que siente algo?

¿Y si finalmente quiere estar conmigo?

La incertidumbre puede hacer que prestemos mucha atención a cada pequeño gesto de la otra persona. Un mensaje puede ilusionarnos durante horas y un cambio de actitud puede provocarnos preocupación o ansiedad. Además, cuando recibimos afecto de manera irregular (a veces mucho y otras veces prácticamente nada) podemos terminar prestando todavía más atención a esos momentos de conexión.

La psicología estudia cómo los patrones de refuerzo pueden influir en la repetición de determinadas conductas.

Esto no significa que exista una especie de “adicción al amor” cada vez que una relación es complicada. Pero sí ayuda a entender por qué la combinación de incertidumbre, esperanza y momentos puntuales de conexión puede hacer que resulte especialmente difícil tomar distancia.

Cuando la esperanza pesa más que la realidad

Quizá una de las partes más difíciles sea distinguir entre lo que está ocurriendo y lo que esperamos que ocurra. Puedes saber que esa persona no quiere una relación contigo y, al mismo tiempo, pensar:

“Ahora mismo no quiere, pero quizá más adelante sí.”

Y entonces empiezas a interpretar cada gesto como una posible señal. Si te escribe, significa que le importas. Si te dice que te echa de menos, quizá esté cambiando de opinión. Si tiene un detalle contigo, quizá quiera algo más. Si se distancia, quizá tenga miedo. Y así puedes terminar construyendo una relación alrededor de lo que podría llegar a ser, en lugar de alrededor de lo que realmente es.

La incertidumbre en las relaciones puede ser especialmente difícil porque combina dos experiencias poco agradables: no saber qué va a ocurrir y sentir que tenemos poco control sobre ello.

¿Te estás conformando con menos de lo que necesitas?

Esta es una pregunta importante. No se trata de decidir si la otra persona es “buena” o “mala”, ni de determinar quién tiene razón. Se trata de preguntarte:

¿La relación que tengo es compatible con la relación que quiero?

Porque quizá esa persona haya sido clara desde el principio. Quizá nunca haya prometido una relación. Quizá te haya dicho que no quiere comprometerse. Y aun así tú puedes estar sufriendo porque lo que necesitas es diferente.

No necesitas demostrar que la otra persona está equivocada para reconocer que esa relación no es adecuada para ti. Tus necesidades también importan.

Algunas señales de que una relación indefinida te está haciendo daño

No existe una lista que permita determinar automáticamente si una relación es saludable o no. Pero hay algunas señales que pueden ayudarte a reflexionar sobre cómo te está afectando:

Una señal especialmente importante es esta:

¿Cómo te sientes la mayor parte del tiempo dentro de esta relación? Porque una relación puede no tener una etiqueta y, aun así, hacerte sentir tranquila, segura y respetada. Pero si la mayor parte del tiempo te genera ansiedad, incertidumbre y sufrimiento, quizá haya algo que necesites revisar.

“Sé que no me hace bien, pero no puedo dejarlo”

Esta frase aparece con frecuencia cuando existe un fuerte vínculo emocional. Y es importante entender que saber algo racionalmente y poder llevarlo a cabo emocionalmente no son exactamente lo mismo.

Puedes saber que una situación no te hace bien y seguir sintiendo un enorme deseo de permanecer en ella.

Puedes echar de menos a alguien aunque sepas que la relación no es lo que necesitas.

Puedes querer alejarte y, al mismo tiempo, tener miedo de arrepentirte.

Esto no significa que seas débil.

Significa que existe un vínculo emocional que necesita tiempo y, en ocasiones, acompañamiento para poder elaborarse.

¿Qué puedes hacer para salir de una relación indefinida?

1. Deja de preguntarte únicamente qué siente la otra persona

Una pregunta muy habitual es:

“¿Me quiere?”

Pero quizá haya otra pregunta todavía más importante:

“¿Esta relación me ofrece lo que necesito?”

No necesitas resolver todos los sentimientos de la otra persona para tomar decisiones sobre tu propia vida.

2. Observa los hechos, no solamente las posibilidades

Pregúntate:

A veces dejamos demasiado espacio a la interpretación y muy poco a los hechos.

3. Define qué quieres tú

Antes de decidir qué hacer con la relación, necesitas saber qué estás buscando.

No hay una respuesta correcta para todo el mundo.

La clave está en que lo que quieres tú sea compatible con lo que la otra persona está dispuesta a ofrecer.

4. Pon límites

Un límite no es una amenaza ni una forma de conseguir que la otra persona cambie. Un límite es decidir qué estás dispuesto o dispuesta a aceptar para proteger tu bienestar.

A veces poner un límite significa decir:

“Yo no quiero continuar en una relación que no tiene una dirección clara.”

Y puede dar miedo. Porque poner límites también implica aceptar que quizá la otra persona no quiera lo mismo que tú.

5. Acepta que alejarte también puede doler

Tomar una decisión adecuada para ti no significa que vaya a ser una decisión indolora. Puedes echar de menos a esa persona, tener dudas, sentir tristeza, preguntarte si has tomado la decisión correcta. Esto no significa necesariamente que hayas cometido un error.

A veces el duelo aparece precisamente porque estamos dejando atrás algo que deseábamos que funcionara.

¿Y si siempre termino enganchándome a personas emocionalmente disponibles?

Si observas que este tipo de relaciones se repiten una y otra vez en tu vida, puede ser interesante detenerte y explorar qué está ocurriendo. No para buscar culpables ni para pensar que “hay algo mal en ti”. Sino para entender tus patrones:

Explorar estas preguntas puede ayudarte a comprender mejor tus relaciones y a construir vínculos más acordes con lo que necesitas. La psicología también estudia cómo determinadas experiencias y patrones de apego pueden influir en la forma en la que nos relacionamos con otras personas. Pero es importante no convertir una relación complicada en un diagnóstico.

Tener dificultades para soltar a alguien no significa automáticamente que tengas dependencia emocional ni un determinado estilo de apego. Cada historia necesita ser comprendida de manera individual.

No tienes que esperar a que alguien te elija

Quizá esta sea la idea más importante de todo el artículo. A veces ponemos toda nuestra atención en intentar descubrir si la otra persona finalmente nos elegirá. Pero también podemos preguntarnos:

¿Yo quiero elegir esta relación?

Tú también tienes capacidad para decidir. Puedes querer a alguien y reconocer que no quieres seguir viviendo esa relación. Puedes echar de menos a alguien y aun así poner distancia. Puedes aceptar que una persona es importante para ti y, al mismo tiempo, reconocer que no puede ofrecerte lo que necesitas.

Y puedes dejar de esperar a que algo cambie para empezar a construir una vida que sí se ajuste a lo que quieres.

Si te cuesta salir de este tipo de relaciones

Si sientes que estás atrapado o atrapada en una relación que te genera sufrimiento, que no consigues poner límites o que este tipo de situaciones se repiten en tus relaciones, pedir ayuda psicológica puede ayudarte a comprender qué está ocurriendo y a trabajar herramientas para relacionarte desde un lugar más seguro y acorde con tus necesidades.

En Clínica Nutrissa, nuestro equipo de psicología puede acompañarte en este proceso de forma individualizada, sin juicios y respetando tu propio ritmo.

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