¿En los cajones? ¿En la estantería más alta? ¿Entre la ropa?
Muchas personas que sufren atracones esconden comida en algún lugar de la casa donde nadie pueda encontrarla. A veces guardan paquetes de galletas, chocolatinas o snacks en lugares secretos para consumirlos a escondidas y evitar sentirse juzgadas.
Si tú también tienes atracones, probablemente conozcas perfectamente esa sensación de querer “borrar las pruebas”. Organizar los envoltorios debajo de toda la basura, esconder los paquetes vacíos o incluso sacar la bolsa inmediatamente después del atracón para que nadie descubra qué o cuánto has comido.
¿Por qué ocurren los atracones?
Los atracones no aparecen por falta de fuerza de voluntad. Tampoco significan que seas débil o que hayas perdido el control sin motivo. En la mayoría de los casos, los atracones son una respuesta del cuerpo y de la mente a una necesidad emocional, física o psicológica no cubierta.
La restricción alimentaria, las dietas estrictas, el estrés, la ansiedad o la culpa con la comida pueden desencadenar episodios de atracones. De hecho, cuanto más intentamos controlar o prohibir ciertos alimentos, mayor suele ser el deseo hacia ellos.
Por eso, restringir después de un atracón suele empeorar el problema y favorecer el conocido efecto rebote. El cuerpo interpreta esa restricción como una amenaza y aumenta todavía más la necesidad de comer, perpetuando así el ciclo de ansiedad, culpa y pérdida de control.
El ciclo de los atracones y la culpa
Muchas personas viven los atracones en silencio. Después aparece la culpa, la vergüenza y el enfado con uno mismo. Es habitual pensar:
- “No debería haber comido eso.”
- “No tengo control.”
- “Nunca voy a salir de esto.”
Sin embargo, es importante entender que los atracones no son el problema principal, sino un síntoma de algo más profundo que necesita atención.
Tu cuerpo no está intentando sabotearte. Está intentando protegerte o compensar algo que no está equilibrado, ya sea a nivel emocional, físico o mental.
Los atracones no definen quién eres
Quiero que entiendas algo importante: tú no eres el problema, también puedes formar parte de la solución.
Este comportamiento es una señal de que algo dentro de ti necesita ser escuchado. Puede haber cansancio mental, ansiedad, autoexigencia, miedo, restricción alimentaria o emociones acumuladas que están buscando una vía de escape a través de la comida.
Sé que muchas veces aparece la vergüenza. Yo también me sentí así y recuerdo perfectamente la culpa y el enfado conmigo misma después de un atracón. Pero con el tiempo entendí que castigarse no ayuda a sanar la relación con la comida.
Los atracones no son un fracaso personal. Son una señal de alarma que merece comprensión y acompañamiento profesional.
Cómo empezar a mejorar la relación con la comida
Superar los atracones no consiste absolutamente para nada en “comer menos” o «tener más disciplina». El verdadero cambio empieza cuando aprendemos a:
- dejar de restringir alimentos.
- identificar emociones y desencadenantes.
- escuchar las señales del cuerpo.
- trabajar la culpa alimentaria.
- mejorar la autoestima y la relación con uno mismo.
Aquí es donde la psicología de la alimentación y el acompañamiento nutricional pueden ayudarte de verdad.
Pedir ayuda también es parte del proceso
No tienes por qué vivir esto en silencio ni enfrentarte solo/a a los atracones. Pedir ayuda profesional puede ayudarte a entender qué hay detrás de esa conducta y empezar a construir una relación más sana con la comida y contigo mismo/a.
Si no sabes qué hacer con todo esto o sientes que los atracones están afectando tu bienestar emocional, no dudes en contactarnos. Puedes llamarnos o escribirnos mensaje por WhatsApp.
En Nutrissa estaremos encantadas de ayudarte en este proceso.
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Nutrissa | Tamiris Álves. Psicóloga clínica



